El gran incremento de inmigración en los países
ricos como Francia, ha provocado a muchas personas un cierto odio hacia los
nuevos habitantes de su territorio.
El color de piel o la religión son uno de los
factores que provocan el racismo.
Las personas, en general, somos muy egoístas. Todos
vivimos en el mismo mundo, ¿por qué al cambiar de país se nos mira distinto? Lo
que nos falta a todos son los sentimientos de empatía y solidaridad. Antes de
hacer cualquier acto racista, ¿por qué no nos ponemos en su lugar?, ¿por qué no
pensamos por un momento todo lo que deben haber pasado para llegar hasta aquí?
Y nos preguntamos: ¿Y si un día nosotros nos vemos obligados a marchar de
nuestro país?
Es una lástima también que casi siempre las noticias
racistas sean malas. Nos olvidamos de todas las organizaciones que ayudan a
esas personas, como “Le Gisti”, (Groupe d’information et de soutien des
immigrées), que disponen de consultas jurídicas gratuitas, editan publicaciones
y organizan formaciones para los inmigrantes.
Me gustaría pensar
que la gran mayoría de personas no son racistas, y que a pesar de que
hay políticos de extrema derecha como Jean-Marie Le Pen, hay muchas otras
organizaciones políticas y no políticas
o personas individuales que se solidarizan con los inmigrantes.